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miércoles, 7 de julio de 2010

La distancia

Fuiste un rostro que trajo la tormenta
para los que vienen.
Voy a estar en la misma silla
con otro rostro, otras manos
y el olvido de mí en los huesos.
La noche remeda el lánguido vacío
nos separa la distancia insonora
de un golpe abierto a la oreja
de la tierra que traga al gusano
y los que vienen siendo nosotros en otro tiempo
ignoran la inquina del mundo
estas ojeras
estos cafés apagados
donde se ahogan los gritos
y nuestras pobres señales de humo, de barro.

La suma de todos los años da un hombre cualquiera
sentado a la orilla del desamparo.
Poco importa qué hago de mí ahora.
El cenicero
el vaso
los terraplenes lluviosos
el pedregal desmoronado
la esquina de antes y de nosotros
el poema que dejo tendido en una soga
y se desangra
por los hombres de ayer, los de hoy, los de mañana.

Todo cambia, con la certeza de estar permaneciendo.
Así como un dolor desgarra una mano
pero duele en todo el cuerpo,
no puede haber más dolor que un solo dolor
y ese dolor duele como todos los dolores del mundo.
Este hombre que vivo se está muriendo
todos los hombres naufragan en mi desgracia
incluso aquellos que todavía no son, o los que ya no fueron.
Por eso grito estas letras mudas.
Para trasponer el concreto de la bóveda
que es un cuerpo y un tiempo
y para que no me mutilen las infinitas muertes
que me esperan, agazapadas en el olvido
a la vuelta de cada rostro, de cada instante.


(matías)

viernes, 28 de mayo de 2010

Te doy la sangre

Te doy la sangre, sí.
Desmiembro la cabra
la mutilo, la corto,
te la ofrendo.
Desmiembro el alma, sí.
y enciendo un fuego
Que tiene tu rostro.

(matías)

viernes, 14 de mayo de 2010

Ensueño

En el único sueño no concebido
fuiste el alma que soñó al mundo
desde la nada, como un fuego.
Así fundada la razón del tiempo,
la noche en que nada permanece
te encontró ceniza,
y despertaste de cara a la sombra.

Ahora concibo un sueño de vos.
Tengo el fantasma difuso
de haber asistido a tu presencia
antes de que vaciaras el mundo
antes de que duela este vacío
como el dolor de espalda
que violentamente me despierta.

(matías)

martes, 11 de mayo de 2010

Motivos

Porque el mundo está ahí, si nosotros no estamos.
Porque el mundo para nosotros no es el mundo.
Porque el mundo es una palabra,
Y somos nosotros haciendo con palabras el mundo.
Porque escribo para hacerlo, cada vez, de nuevo.
Porque escribo lo que me falta.
Porque llueve y hace frío en la casa.
Porque enciendo el televisor y estoy solo.
Porque van así ya muchas madrugadas.
Porque el desamparo tiene tu nombre y tu rostro.
Porque el desamparo no está aquí, en mi silencio.
Porque el desamparo no es un estado de la conciencia
O un hueco del ánimo.
Porque tiene una dimensión concreta y urgente.
Porque me estoy muriendo, y te muero en el alma.
Porque sé que nos estoy matando tristemente.
Porque la muerte no es la muerte.
Porque la muerte somos nosotros haciendo la nada.
Porque lo poco que tengo te lo doy, y no alcanza.
Porque todo podría ser de otro modo.
Porque podrías no haber sido
Y sin embargo, tuviste que ser para algo.
Porque te llevo en el cuerpo para siempre.
Porque te llevo para algo.
Y porque voy a morirme, sin saberlo.

(matías)

sábado, 1 de mayo de 2010

Jueves

Jueves, te pusiste el viernes sobre la espalda.
Afuera el parpado frustrado del día se cierra
y se lleva consigo las últimas ruinas de un aura
quiescente como niebla en la niebla.
Sobre la mesa el café y un estado de ánimo
emanan los mismos vapores rendidos al aire.
Hoy es jueves de febrero en un pájaro
que canta en marzo una melodía inexistente.
Todas las colecciones posibles para mí
saltan desde los armarios íntimos del tiempo.
Series de mariposas anaranjadas
muestrarios, álbumes, conjuntos, antologías
órdenes perfectos alterados por el sentido
que desordena, a su modo.
Es que hoy, día viernes, me puse sobre la espalda
el espíritu de una crisálida permanente
y heredé, con todo el cuerpo, el haz mortecino
en que el ocaso últimamente se desarma.
Puedo ver cómo las consecuciones van por los muros
por las rejas, por los hombres, por las casas.
La gente se saluda como dos conocidos,
las calles repiten exactas
los gestos de siempre en sus rostros.
Las nubes, los almacenes, un árbol
todo se constata lo mismo.
Ya es viernes, y el universo sigue estando aquí,
como está la vigilia después del sueño,
o como llega el sueño, detrás del alba.

(Matías)

jueves, 22 de abril de 2010

Signo del tiempo

He perdido la forma de hacer mi tiempo
si pudieran hallarla… ya no sé si la deseo.
Solía tener una aguja de aire en el pecho
un álamo exuberante y verde en la nuca
y un diluvio copioso en los ojos del árbol.
Solía rastrear bibliotecas universales
agotar pasillos oscuros, divagante
y hundirme en el oprobio deliberado
acaso con el fervor semántico del nunca
abrazado a los nervios.
La resonancia de esa imagen presagiosa
también se ha ido.
Nunca es como siempre, algo como nada.
¿Qué ha hecho el vacío con mis signos?
La herrumbre pesada de su historia
se evapora, y me quedo sin nombre.
He perdido la forma de hacer mi tiempo
me encuentro adherido a la continuidad del mundo
en toda su desnudez, sin todos mis escudos.
Hoy vi un pájaro sin tiempo, un árbol.
Hoy fui un pájaro, un río que corre con el río.
El rostro grave de mi fotografía quedó mudo
ahora mismo desconfío de este urgente poema.


(matías)

viernes, 2 de abril de 2010

Ya no conservo

Ya no conservo, siquiera, el tono de vos
que encadenaba mis letras hace un tiempo
a tu recuerdo, a tu rostro, a tu fantasma.
Todo se mueve tan concreto, tan enraizado
a las vértebras del universo
que ya no conservo, siquiera, el humo, lo vago
que hace un tiempo preguntaban por mí
cuando yo me los preguntaba.
Demasiado compacto, decía Girondo,
tengo el pensamiento duro como un ladrillo,
como una pala, o un montón de papeles sobre un escritorio,
tengo el pensamiento duro como un trabajo.
Doliente como los huesos pero silencioso,
se me instala en el húmero del espíritu, y en el sacro
un tuétano como aire de callejón perdido.
Ya no conservo, siquiera, tu nostalgia
o ninguna de todas las nostalgias que me hirieron.
Tengo la angustia insalvable de no estar angustiado
una ceguera indolente apuntada al tiempo.
Ya no te preciso, ya no te extraño, ya no te quiero
y no le hablo a alguien,
le hablo a cada una de las cosas que me rodean
tal vez a la noche, a la soledad, a esta muerte escuálida.
Me da vergüenza ser tan indiferente
aunque ya no conservo, siquiera,
esa triste dignidad que supone avergonzarse.

(matías)

miércoles, 24 de febrero de 2010

Algo comienza a morirse

Intuyo algo de vos, estás temblando.
Tengo la impresión que tiene la tierra del agua
el borde del camino.
Hoy llueve acá, en casa.
Sin embargo, no asisto a la lluvia.
Un coro de estallidos se levanta en mi boca
están las gotas golpeándome la cara
bajando por los pómulos como si no bajaran, detenidas.
La gente se apura para no mojarse.
Hoy volvió a llover después de tres, cuatro madrugadas.
Apenas si dio tiempo la lluvia al canto de las chicharras
o sed al légamo pringoso en las patas de los perros.
A veces quisiera mojarme con la lluvia
que hace correr a la gente, que borronea el paisaje.
Esa lluvia sin horizonte, inocente, unánime.
Una vez hubo un pájaro que, cansado de ser,
se arrojó al vacío desde el árbol.
Así me iría esta tarde por la lluvia.
Sería tan dichoso de no sentir la lluvia
de no oírla, ni tocarla.
Querría ser lluvia.
No en un vidrio, ni siquiera en el aire.
Lluvia en su nacimiento, en la transparencia de su sangre
en su pureza más diáfana.
Cuando una gota se estrella contra un vidrio
o cuando dilata los límites de un charco en la acera
me invade una espantosa nostalgia
una congoja silenciosa, inexpresable
que anda por los pulmones como un estero de olvidos
como una legión de sombras huérfanas por las ciudades.
Acaso apenas se abre la gota sobre el suelo o el sauce
comienza a morirse, o se muere de golpe, no sé, ya es tarde.
A veces me siento a pensar cuántas de estas lluvias
se estrellan en la cansada geografía del alma
incluso cuantas almas se estrellan entre sí o con los cuerpos que las soportan como si fueran lluvias.
Entonces tengo la impresión de estar rodeado de muertos
por acá y por allá cadáveres, fósiles, ruinas humeantes
despojos de seres que se agotan vertiginosos como un fuego.
Tiempo de siempre, tiempo de antes, tiempo efímero:
toda la historia del tiempo cabe en un instante.
Chaparrones mediante, pensaba en nosotros.
Imaginaba un beso sin labios, un sueño sin sueño.
Pensaba en cómo serías vos antes de mí, antes de todo.
Pensaba también que podría estar siendo un suelo para tu savia
donde estrellarte, y tuve miedo de que te apagaras delante de mi rostro.
¿Será que insistimos en dejar de ser mientras vamos siendo?
¿Será que, al contrario de Spinoza, todas las cosas perseveran en su no ser?
¿Dónde estarán las primeras veces de todas las cosas?
Si te tengo, o siento que te tengo ¿Te estoy teniendo realmente?
Así como la lluvia no es el charco, el vidrio, el apuro, el aire
y todos esos son el lecho final donde viene a yacer la lluvia
¿Estaremos confundidos de ver amor en amarnos?
¿Estaremos muriendo en cada comunión, en cada abrazo?
Quisiera poder amarte despojado de mí
amarte sin vos también
que no nos amemos, que seamos, prescindiendo de toda la lluvia
como dos gotas de agua que no terminan nunca de caer desde el cielo hinchado.
Me quedo con tus signos por ahora, se hace de noche.
Llueve y escribo.
Algo comienza a morirse, o se muere de golpe, no sé, ya es tarde.


(matías)

lunes, 1 de febrero de 2010

Mundo

Es un cuaderno
una ficción
una mancha.

Un cubo sin lado
un asilado
de una avalancha.

Una pared
de mosaicos
enmendada.

Una protuberancia
es el mundo
de las fosas.

Un absceso
efímero
y acre.

Es cuadro
de nada
pintura y signo.

Es día que pasa
noche velada
espejo de tumba.

Es lo que se escapa
del pozo siniestro
hasta que lo atrapan.

Para volverlo
para callarlo
para lo eterno.


(matías)

domingo, 17 de enero de 2010

Nostalgia de lo que viene

Un día llegará en que seamos
dos partes de un fuego
un mar de soledad extendida
que todo lo traga
la luna, la noche, el relámpago.
Desde un farol se desnudan
dos siluetas salpicadas
es de noche y es frío.
Un día llegará en que hayamos sido
esas dos sombras en la rambla
disueltas en un rayo de luna
entrando al mar por la arena.
Al mar sordo, que todo lo traga
y con un ruido vacío en la roca
y un estrépito de gaviota
cayendo al agua
cesaremos en nuestros oficios mortales.
Un día llegará en que somos
estos dos cuerpos
que se disponen al viaje.
Nos espera el agua adelante
hay sol y es de mañana.
Sin embargo
esta dulzura de jazmín abierto
insiste en oler a despedida
y este comienzo resuena
tan terminante.

(matías)

martes, 5 de enero de 2010

Las abejas

Hacen miel del trabajo
desprendida despacio
y silencio.
Depositan el vientre dolorido
nacen al alba
paren la dulzura sentida
cuando cae el sol
se alzan.
Están a salvo del invierno
de un invierno.
Es madrugada.
Las sombras con alas
trabajan
y sin alas.
La muerte no cabe
en los hexágonos
tiene forma cuadrada
cuadrada
y amargura de invierno.

Lo que viene se calla
en el signo trémulo
se trabaja la muerte
para conjurarla.


(matías)

domingo, 20 de diciembre de 2009

Ella un sonido

Una vez oí un sonido irrepetible
que no pude nombrar nunca
se vació de rostro
se escapó de la historia
una mañana fría

Cruje una rama, crepita un fuego
golpea una gota contra la chapa
y lo busco, pero nada

Una vez oí un sonido irrepetible
la tengo todavía en mi ternura
es decir que no la tengo
un abrazo abierto
un beso respirado entre bocas
intactas, a lo sumo,
pero nada

Sin embargo, un segundo la tuve
irrepetible y sonora
me hizo temblar
en un silencio

Ahora casi nunca tiemblo
algunas músicas que no existen
me hacen pensarla

Una vez la oí en un sonido
que permaneció sujetado
a una huella inmóvil del tiempo

Es tan triste quedarse así
sordo de los afectos
y ver al alma triste dando
últimos manotazos de ahogada


(matías)

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Orfandades

Toda belleza es huérfana y desea,
bellamente, regresar desde sus orfandades


La tierra estuvo antes del polvo
y aun después continuó estando
el río dio loco contra el primer peñasco
y saltó a la luz una espuma macilenta
apagada como lágrima de un ojo

Una tarde de jueves y otoño cansado
yo nací a la memoria
nací al olvido
y sigo todavía naciendo
como el polvo indefenso
como la espuma huérfana del río
en la búsqueda de todos los vientres
que un día no me albergaron.

jueves, 10 de diciembre de 2009

Estoy trabajando

Para ella trabajo ahora
nada más que para ella
ni para la posteridad
ni para la poesía
para ella
trabajo desde el crepúsculo
hasta el pájaro
abnegado solitario
con la lluvia golpeando
en mis papeles
y el viento azotando
los postigos del alma

Trabajo para ella
debajo de su intemperie
o de su escaparate
como si no hubiera nada
más allá de sí
la hago mientras ando
cuando camino
cuando sueño
y aún respirando
la sigo haciendo
a cada bocanada
con cada pulso
cuando late conmigo
cuando tiemblo con ella
y de ella
no hago más que darle nombre
en mi cuerpo
formarla en mi sangre
incrustarla en los huesos

Para ella trabajo
tengo palabras de su pelo
palabras de sus ojos
trabajo para salvarla
ni siquiera para mí
trabajo para ella
para darle un cielo
un refugio un amparo
para echarla a que ande
quiero que ella no esté aquí
cuando todo pase

Para eso estoy trabajando
para que sea sencillamente feliz
para que no se muera
para evitarle los domingos
los ómnibus y los pies mojados
y ese segundo de sentirse vencida
en el eco triste de un cuarto
Estoy dispuesto a asumir
todos sus dolores y nostalgias
aún en su ausencia
en lo que tienen de suyo
mis soledades
trabajo de sentir frío
para abrigarla
ustedes van a entenderme
trabajo para ella
y cuando digo trabajar
quiero decir, amarla




(matías)

domingo, 6 de diciembre de 2009

Hambres

Qué hambre debe tener el absurdo
para tragar tanto
para engullir tantas noches vacías
tantas de estas soledades
desabridas y vagas
en las que uno no sabe
si el problema es un lugar
o son todos los lugares
soledades para las que el exilio
no cuenta
ni cuentan los arraigos
estas soledades lánguidas y ubicuas
que se dispersan fantasmales
que todo lo empapan
con su atmósfera de domingo
con su pullover frío y mojado
y las llevamos en los ojos
para todas partes
Qué hambre debe tener el absurdo
para que yo escriba
y tragar mis letras a caudales
y dejarme triste síntoma de la vida
qué hambre para alejarnos tanto
qué voracidad implacable y lenta
hambre de trabajos
hambre de viajes
hambre de horizontes cansados
de ganas y de sueño perdido
de besos y despedidas fugaces
hambre de reuniones familiares
de amigos de fotos
hambre de estar allá
en tal o cual lado
haciendo alguna cosa
hambre de todo
hambre de nada
debe estar lleno de hambre el absurdo
chorreando rabia por los ojos
espuma por sus fauces
para sacarnos de nosotros mismos
y enseñarnos la finitud de nuestras inmensidades
lo tontos que somos ahí sentados
derramando una lágrima
pero nosotros no lloramos de nada
como llora el absurdo
nosotros lloramos de hambre
aunque nos devoren los momentos
tenemos la misma hambre
o una más urgente todavía
no lloramos de falta
no somos glotones de ausencia
lloramos de hambre aunque nos traguen
tenemos un hambre más noble
un hambre de chances y disparates
de azares, abrazos y aventuras
hambre de que los planes, por fin, nos salgan
y de estar menos solos con nuestras soledades
tenemos un hambre de tiempo también
de que las cosas no pasen
tenemos hambre de futuro
hambre de amor
hambre de verdades
tenemos esto que ahora mismo somos
y mientras nos tengamos
tendremos suficiente hambre
para comernos todo el absurdo
que a cada segundo nos traga.


(matías)