Están abiertas las puertas del frío
Las ventanas de un hambre
Que se come sola
Al final del ropero
Se desangra la memoria tendida
La sensación reversible
De cuando trajinan los pájaros
El cielo huele a tabaco
Los pájaros fuman y viajan en su intemperie
Estarán regresando como el humo
Debajo de todo hay una casa
Entre enumeraciones lunares
Y solsticios de agua
Y todas las cascadas y portentos del mundo
La casa es el hueso, la intuición, el llanto
Hay un hambre que se come sola
Acaba consigo y deja una ropita de rastro
Entonces todos preparan la ceremonia
Para esa potencia engullidora
Que se guarda bajo tierra
Aunque no tiene cuerpo ni cadáver.
(Matías)
miércoles, 7 de marzo de 2012
martes, 28 de febrero de 2012
Escisiones
La vigilia extensa de la sangre
Los estados de conciencia
La súbita transparencia de la memoria
El recuerdo sangrando
Todo cuanto siente y tiembla
Respira, alimenta un hambre,
El agua transmutada en hielo
Los álamos de la puerta de casa
El paladar de tierra
Acumular pájaros que son sílabas
Todo lo que se vuela en la palabra
Y no saber dónde se está
Si en lo dicho o en lo volado
Escisión cruenta
Nacer cada vez a cada instante
Nacer en una esquina
En un amor
En un semáforo
Los órganos perplejos
Lo que ocurre de lo postrero delante
La vanguardia de lo acontecido
Ungido con aceites y calas
Lo más desaforado del vacío
Lo desesperado de los hospitales
Lo gris desolado del cementerio
La tensión de los vidrios, de los nervios,
El abismo exagerado del silencio
Todo cuanto calla y nada
Las naderías mundanas
La parábola desafiante del océano
El aburrimiento más oscuro y pesado
Nacer cada vez a cada instante
Vivir naciendo
Morir cada vez que se nace
La tristeza lacerante de lo alegre
El dulzor embriagante de la pena
Un exilio por intervalos
Los huecos de los ascensores
Lo que hay detrás de las rejas
La complexión frágil de mi esqueleto
Los osarios que aguardan
Y entre tanta cosa, ningún juicio
Nada más esta huella en la nieve blanca
Nada más que un poema
Que no es más nada,
Ni se sabe a sí mismo.
(Matías)
Los estados de conciencia
La súbita transparencia de la memoria
El recuerdo sangrando
Todo cuanto siente y tiembla
Respira, alimenta un hambre,
El agua transmutada en hielo
Los álamos de la puerta de casa
El paladar de tierra
Acumular pájaros que son sílabas
Todo lo que se vuela en la palabra
Y no saber dónde se está
Si en lo dicho o en lo volado
Escisión cruenta
Nacer cada vez a cada instante
Nacer en una esquina
En un amor
En un semáforo
Los órganos perplejos
Lo que ocurre de lo postrero delante
La vanguardia de lo acontecido
Ungido con aceites y calas
Lo más desaforado del vacío
Lo desesperado de los hospitales
Lo gris desolado del cementerio
La tensión de los vidrios, de los nervios,
El abismo exagerado del silencio
Todo cuanto calla y nada
Las naderías mundanas
La parábola desafiante del océano
El aburrimiento más oscuro y pesado
Nacer cada vez a cada instante
Vivir naciendo
Morir cada vez que se nace
La tristeza lacerante de lo alegre
El dulzor embriagante de la pena
Un exilio por intervalos
Los huecos de los ascensores
Lo que hay detrás de las rejas
La complexión frágil de mi esqueleto
Los osarios que aguardan
Y entre tanta cosa, ningún juicio
Nada más esta huella en la nieve blanca
Nada más que un poema
Que no es más nada,
Ni se sabe a sí mismo.
(Matías)
viernes, 13 de enero de 2012
jueves, 1 de diciembre de 2011
Lo uno y lo múltiple
Un pájaro que era bello cuando volaba
Y era tonto en el suelo,
Trajo la memoria de mí,
De cuando nacía,
Innumerable y voluptuoso,
En el escrúpulo frío de la mañana.
Lo uno era un vientre cerrado,
Algunos delantales blancos me hicieron muchos,
Derramé una lágrima cuando estuve en sus manos,
Me estremecí con el impacto de la oscuridad rota.
Habrá volado entonces un pájaro
Cuyo rostro olvidé para siempre
(Sin embargo, lo sigo buscando).
Me pusieron un lenguaje en mi sustancia,
Muchos lenguajes para una sola carne incierta
(Sin embargo, todavía lo busco)
Y nada nombra lo que dice,
Lo siento puro acto tal como alzar un brazo,
O cruzar los dedos,
La urdimbre del tiempo tuvo alas
Y un pico insolente,
El cinismo de lo imposible que se muestra,
Que se vive, que se puede.
Hubo, cierta tarde de lluvia en casa de abuelos,
Una música enigmática que me condujo,
Dulcemente, hasta el recinto del nacimiento:
Contemplé la ventana, la música pasaba lenta.
El deseo se inflamó, se estremeció la piel,
Los acordes entrecortados de Piazzolla,
Como espasmos,
Anudaban las formas discontinuas del mundo.
El mundo cupo en mi mano,
En ese instante, sentí que poseía el nombre de todas las cosas,
Sentí el abismo mortal de la poesía,
Entonces estiré el lenguaje para capturar esa alma,
Que se escurrió como el pajarito primero,
Como la divinidad de un imperio oscuro.
Nunca volví a sentir tan cerca la posibilidad de un nombre,
De una imagen, de un cuerpo, de uno.
El humo o el océano me inquietan,
Me trenza los nervios el viento,
Porque intuyo que solo en lo grandiosamente múltiple
Puede hallarse lo uno.
En el humo se dibuja la silueta difusa del ave,
En el océano se mece su canto,
En todo el viento la estela de su vuelo se junta,
Y todos ellos lo hacen,
Como yo intento hacer uno de mí,
Sabiendo que soy tantos,
Y que es tan precaria la memoria.
Intento recordar aquella mañana,
Los hombres solemnes con guardapolvos,
Ese cuerpo tajeado de mi existencia roja,
Y la explosión de lo plural, de lo diverso, de todo.
Los objetos y los seres apilándose con vértigo,
Mis lágrimas,
El pájaro que nunca más iba a ser, hasta ser para siempre.
Cuando mi abuelo falleció, en una triste cama,
Ni siquiera dijo un nombre,
Soltó una exhalación, y dejo de ser muchos, para volver a ser uno.
Después de la música de Piazzolla, aquella tarde lluviosa,
Nunca comprendí tan claramente,
Que la vida es lo múltiple,
Y que el pájaro del principio,
(Ese que obra en la poesía, en el canto, en el lenguaje)
Es el signo de la muerte, el signo de lo uno,
Reclamando ser llenado,
Absorbiendo todo cuanto sienta y tiemble.
(Matías)
Y era tonto en el suelo,
Trajo la memoria de mí,
De cuando nacía,
Innumerable y voluptuoso,
En el escrúpulo frío de la mañana.
Lo uno era un vientre cerrado,
Algunos delantales blancos me hicieron muchos,
Derramé una lágrima cuando estuve en sus manos,
Me estremecí con el impacto de la oscuridad rota.
Habrá volado entonces un pájaro
Cuyo rostro olvidé para siempre
(Sin embargo, lo sigo buscando).
Me pusieron un lenguaje en mi sustancia,
Muchos lenguajes para una sola carne incierta
(Sin embargo, todavía lo busco)
Y nada nombra lo que dice,
Lo siento puro acto tal como alzar un brazo,
O cruzar los dedos,
La urdimbre del tiempo tuvo alas
Y un pico insolente,
El cinismo de lo imposible que se muestra,
Que se vive, que se puede.
Hubo, cierta tarde de lluvia en casa de abuelos,
Una música enigmática que me condujo,
Dulcemente, hasta el recinto del nacimiento:
Contemplé la ventana, la música pasaba lenta.
El deseo se inflamó, se estremeció la piel,
Los acordes entrecortados de Piazzolla,
Como espasmos,
Anudaban las formas discontinuas del mundo.
El mundo cupo en mi mano,
En ese instante, sentí que poseía el nombre de todas las cosas,
Sentí el abismo mortal de la poesía,
Entonces estiré el lenguaje para capturar esa alma,
Que se escurrió como el pajarito primero,
Como la divinidad de un imperio oscuro.
Nunca volví a sentir tan cerca la posibilidad de un nombre,
De una imagen, de un cuerpo, de uno.
El humo o el océano me inquietan,
Me trenza los nervios el viento,
Porque intuyo que solo en lo grandiosamente múltiple
Puede hallarse lo uno.
En el humo se dibuja la silueta difusa del ave,
En el océano se mece su canto,
En todo el viento la estela de su vuelo se junta,
Y todos ellos lo hacen,
Como yo intento hacer uno de mí,
Sabiendo que soy tantos,
Y que es tan precaria la memoria.
Intento recordar aquella mañana,
Los hombres solemnes con guardapolvos,
Ese cuerpo tajeado de mi existencia roja,
Y la explosión de lo plural, de lo diverso, de todo.
Los objetos y los seres apilándose con vértigo,
Mis lágrimas,
El pájaro que nunca más iba a ser, hasta ser para siempre.
Cuando mi abuelo falleció, en una triste cama,
Ni siquiera dijo un nombre,
Soltó una exhalación, y dejo de ser muchos, para volver a ser uno.
Después de la música de Piazzolla, aquella tarde lluviosa,
Nunca comprendí tan claramente,
Que la vida es lo múltiple,
Y que el pájaro del principio,
(Ese que obra en la poesía, en el canto, en el lenguaje)
Es el signo de la muerte, el signo de lo uno,
Reclamando ser llenado,
Absorbiendo todo cuanto sienta y tiemble.
(Matías)
jueves, 10 de noviembre de 2011
Impotencia
La belleza de la flor se apaga tan rápido
Que a veces quisiera
Destruir a patadas todos los jardines del mundo
O ser una flor que se apaga.
(Matías)
Que a veces quisiera
Destruir a patadas todos los jardines del mundo
O ser una flor que se apaga.
(Matías)
martes, 25 de octubre de 2011
El árbol de nosotros
Un abrazo hecho de tiempo
Se caen los muertos como gotas
Que cuelgan de un triste linaje
Y cada muerte nueva
Estira la rama, la dobla hacia el suelo
Nadie sabe cuánto se soporta
Antes de la caída
Hay espacios vedados
Que los muertos revelan
Espacios privados, solemnes, terribles
Qué absurdo ver cómo pasan los trenes
La gente caminando
Todo
Las cosas se unen y se duelen
Con tanta violencia
Como es posible
Nosotros solamente miramos
Y juntamos muertos en el árbol
En la espalda
Hasta que un día
no aguantamos el peso.
(Matías)
Se caen los muertos como gotas
Que cuelgan de un triste linaje
Y cada muerte nueva
Estira la rama, la dobla hacia el suelo
Nadie sabe cuánto se soporta
Antes de la caída
Hay espacios vedados
Que los muertos revelan
Espacios privados, solemnes, terribles
Qué absurdo ver cómo pasan los trenes
La gente caminando
Todo
Las cosas se unen y se duelen
Con tanta violencia
Como es posible
Nosotros solamente miramos
Y juntamos muertos en el árbol
En la espalda
Hasta que un día
no aguantamos el peso.
(Matías)
lunes, 19 de septiembre de 2011
Los cristos
Tengo los ojos llenos de infancia
De cuando bordaban los Cristos
Para adornar las paredes
Y se colgaban el retrato en el alma
Llenos de la paciencia con sueño de los domingos
Con los cuadros de Cristo hechos un malvón
Un automóvil absurdo,
Un trabajo repetido hasta el cansancio
Y los ojos inundados de lunes
Sumisa, laboriosa infancia
Adulta
Las discusiones graves en el cuarto
Pero Cristo
Y otra vez, las columnas erguidas
Los párpados pesados, y la vida transcurriendo
A pesar de todo lo bueno, lo malo
La religiosidad de la vida
Las noches sin cena, las camas sin sueño
El olor lento de cementerios y hospitales
Todo lo que se iba
Y el Cristo bordado
Con pudorosa violencia
En los labios febriles de la madre.
(Matías)
De cuando bordaban los Cristos
Para adornar las paredes
Y se colgaban el retrato en el alma
Llenos de la paciencia con sueño de los domingos
Con los cuadros de Cristo hechos un malvón
Un automóvil absurdo,
Un trabajo repetido hasta el cansancio
Y los ojos inundados de lunes
Sumisa, laboriosa infancia
Adulta
Las discusiones graves en el cuarto
Pero Cristo
Y otra vez, las columnas erguidas
Los párpados pesados, y la vida transcurriendo
A pesar de todo lo bueno, lo malo
La religiosidad de la vida
Las noches sin cena, las camas sin sueño
El olor lento de cementerios y hospitales
Todo lo que se iba
Y el Cristo bordado
Con pudorosa violencia
En los labios febriles de la madre.
(Matías)
sábado, 10 de septiembre de 2011
Cinco Semblantes
Cinco semblantes ausentes quebraron un rostro
Las luces eran viento
Actuando los días
Que ocurren y cesan
Donde el ser del tiempo descansa
Y se desarma
En duraciones eclécticas
Compuestas de azar y azufre
De sangre espesada a debilidad de tristeza
La infancia es un tablero vacío
Un juego sin nombre
Que nadie sabe donde se dirime
Sino en los ojos
Que contemplan los días, que se salen del tiempo
Que me ausentan el rostro.
(Matías)
Las luces eran viento
Actuando los días
Que ocurren y cesan
Donde el ser del tiempo descansa
Y se desarma
En duraciones eclécticas
Compuestas de azar y azufre
De sangre espesada a debilidad de tristeza
La infancia es un tablero vacío
Un juego sin nombre
Que nadie sabe donde se dirime
Sino en los ojos
Que contemplan los días, que se salen del tiempo
Que me ausentan el rostro.
(Matías)
miércoles, 17 de agosto de 2011
La señora ( la poesía) según Juan Gelman
Hoy vino la señora, Juan
Pero el que no estaba
Era yo.
(Matías)
Pero el que no estaba
Era yo.
(Matías)
miércoles, 20 de julio de 2011
Los otros lados
Que crezcan animales para ser
Los animales que sean
La oscuridad sofocada
De un color sin aliento
La inmovilidad del tiempo
Cuando deshabita la hora
Y que sean
La sílaba sustanciosa
De cada lenguaje muerto
El rostro infantil del universo
Cuando la sombra se alarga
Yo no pido más nada
Que la nada
Y el revés de las lluvias
Que duplica el silencio.
(Matías)
Los animales que sean
La oscuridad sofocada
De un color sin aliento
La inmovilidad del tiempo
Cuando deshabita la hora
Y que sean
La sílaba sustanciosa
De cada lenguaje muerto
El rostro infantil del universo
Cuando la sombra se alarga
Yo no pido más nada
Que la nada
Y el revés de las lluvias
Que duplica el silencio.
(Matías)
jueves, 23 de junio de 2011
El amor de lo enfermo
Las copas de lo enfermo
Recortan inmóviles un cielo bajo
Que aprieta la voluntad como prensa
El mar verde de yerba oscura
Exhala los tiempos dentro del tiempo
Cualquiera que fuera
Sea donde
Duración que sabe a espuma
Vaguedad de humo
Erosión del silencio
Que filtran la pupila velada
Toda la noche del universo entra
En el rostro enfermo
En su no mirar que mira
En su morir que no muere
¿Dónde está el amor de lo enfermo?
Con las bujías que agonizan en la tarde
Se derrama la sangre lenta del día
La oscuridad es un fuego que abre
Una luz alojada en un vientre impreciso
(Matías)
Recortan inmóviles un cielo bajo
Que aprieta la voluntad como prensa
El mar verde de yerba oscura
Exhala los tiempos dentro del tiempo
Cualquiera que fuera
Sea donde
Duración que sabe a espuma
Vaguedad de humo
Erosión del silencio
Que filtran la pupila velada
Toda la noche del universo entra
En el rostro enfermo
En su no mirar que mira
En su morir que no muere
¿Dónde está el amor de lo enfermo?
Con las bujías que agonizan en la tarde
Se derrama la sangre lenta del día
La oscuridad es un fuego que abre
Una luz alojada en un vientre impreciso
(Matías)
domingo, 27 de marzo de 2011
Mares
El viejo está famélico
Mientras el mar acontece
Delante de sus ojos
Escuálido de olas grises
Que acunan la impaciencia
En la noche
Raquítico de frío y de niebla
Con las extremidades macilentas
De nicotina y hastío
Enjuto, de ojos extensos
Con gesto adusto, apagado
Parco, como triste
Como rumor de mar muerto
Como el sonido sordo
De un mar abstracto
Que pena y navega
Con la mirada aturdida
Y la pregunta embarazada
Por todos los mares
Y todos los hombres
Que nacen y se mueren
Que nacen y se mueren…
(Matías)
Mientras el mar acontece
Delante de sus ojos
Escuálido de olas grises
Que acunan la impaciencia
En la noche
Raquítico de frío y de niebla
Con las extremidades macilentas
De nicotina y hastío
Enjuto, de ojos extensos
Con gesto adusto, apagado
Parco, como triste
Como rumor de mar muerto
Como el sonido sordo
De un mar abstracto
Que pena y navega
Con la mirada aturdida
Y la pregunta embarazada
Por todos los mares
Y todos los hombres
Que nacen y se mueren
Que nacen y se mueren…
(Matías)
domingo, 13 de marzo de 2011
Necesidades
El desierto que alimenta
Esta sed tan blanca
Muere cada día
En el agua de tu rostro
Que hambrea mi esperanza.
(Matías)
Esta sed tan blanca
Muere cada día
En el agua de tu rostro
Que hambrea mi esperanza.
(Matías)
jueves, 3 de marzo de 2011
El cuerpo
Las ideas del cuerpo se han percatado de sí
Y apenas camino
Tengo memorias del cuerpo ahora
Golpes asestados contra la infancia
Dolores absorbidos por los nervios
Oxido de sangre en la boca
El viento de una cumbre en Córdoba adolescente
Que se rearma en este viento
Que no es este, ni aquel, que ya es otro
La lluvia entrando al cuarto de los huesos
El olor seco del humo en los pastizales
Una mujer, también, en el cuerpo
Me revela la doble historia del olvido
El mar perdido al que estuve arrojando
Todo este tiempo, mis propios deshechos
Confiado en un silencio más bien impune
Lenguaje sordo de las cosas
El cuerpo se piensa en el dolor, se recuerda
Restituye como un fuego terrible
Las impresiones más remotas que lo fraguaron
Cuando el imperio de la razón, todavía
No había delimitado sus márgenes
La enfermedad, el amor, la muerte
Han puesto a mi cuerpo de cara al tiempo
Acaso los tres sean la misma cosa:
Una vindicación del cuerpo malherido por la historia.
(Matías)
Y apenas camino
Tengo memorias del cuerpo ahora
Golpes asestados contra la infancia
Dolores absorbidos por los nervios
Oxido de sangre en la boca
El viento de una cumbre en Córdoba adolescente
Que se rearma en este viento
Que no es este, ni aquel, que ya es otro
La lluvia entrando al cuarto de los huesos
El olor seco del humo en los pastizales
Una mujer, también, en el cuerpo
Me revela la doble historia del olvido
El mar perdido al que estuve arrojando
Todo este tiempo, mis propios deshechos
Confiado en un silencio más bien impune
Lenguaje sordo de las cosas
El cuerpo se piensa en el dolor, se recuerda
Restituye como un fuego terrible
Las impresiones más remotas que lo fraguaron
Cuando el imperio de la razón, todavía
No había delimitado sus márgenes
La enfermedad, el amor, la muerte
Han puesto a mi cuerpo de cara al tiempo
Acaso los tres sean la misma cosa:
Una vindicación del cuerpo malherido por la historia.
(Matías)
martes, 15 de febrero de 2011
Proceso
Cada vez me hundo
En el recinto atroz del lenguaje
En la dulce tenebrosa poesía
Donde los abismos de mí perseveran
Y estallan las certidumbres
Cuando el fuego toma las palabras
Como trozos de madera y avanza
Se clavan las vocales en el hueso
Las consonantes retumban vacías
Pero todas marchan a la hoguera
Y se queman dolorosamente
Se retuercen las palabras de amor
Trepan por los muros las palabras de ausencia
Manchan su calavera con sangre imaginaria
Estiran sus rostros desesperados
Aúllan en el silencio y el espanto
Sucumben lentamente en el crepúsculo
Mueren lo bello, lo triste, lo absurdo
Se calcina el precario infinito del hombre
Hasta que solo queda un puñado de cenizas
Un testimonio del fuego, un poema.
(matías)
En el recinto atroz del lenguaje
En la dulce tenebrosa poesía
Donde los abismos de mí perseveran
Y estallan las certidumbres
Cuando el fuego toma las palabras
Como trozos de madera y avanza
Se clavan las vocales en el hueso
Las consonantes retumban vacías
Pero todas marchan a la hoguera
Y se queman dolorosamente
Se retuercen las palabras de amor
Trepan por los muros las palabras de ausencia
Manchan su calavera con sangre imaginaria
Estiran sus rostros desesperados
Aúllan en el silencio y el espanto
Sucumben lentamente en el crepúsculo
Mueren lo bello, lo triste, lo absurdo
Se calcina el precario infinito del hombre
Hasta que solo queda un puñado de cenizas
Un testimonio del fuego, un poema.
(matías)
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